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Antes que el barrio tuviera límites

Hay instituciones que nacen antes incluso de que un barrio termine de definirse. El Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano es una de ellas. Su historia se remonta a fines del siglo XIX. El actual nosocomio fue inaugurado el 12 de julio de 1896, en la manzana comprendida por las actuales Monroe, Melián, Roosevelt y Roque Pérez, cuando la zona todavía estaba en pleno crecimiento urbano. Mucho antes de que Coghlan fijara oficialmente sus límites en 1972, el Pirovano ya era una referencia cotidiana para generaciones enteras. Antes de muchas calles asfaltadas, antes de la llegada de la electricidad al barrio, antes incluso de gran parte del desarrollo residencial de la zona, el hospital ya estaba ahí. Su nombre homenajea al doctor Ignacio Pirovano, reconocido médico argentino fallecido un año antes de la inauguración. Con el tiempo, la institución también sería escenario de hitos médicos, como el primer homotrasplante de arteria realizado en el mundo en 1910, a cargo del doctor Aquiles Pirovano. En Casa Castelao nos toca mirar esa historia con una cercanía especial. Cuando nuestra empresa abrió sus puertas en 1927, el Hospital Pirovano ya llevaba más de tres décadas acompañando la vida del barrio. Y desde entonces, ambas historias convivieron a pocas cuadras de distancia, atravesando cambios urbanos, generaciones de vecinos y casi un siglo de transformaciones. Cada barrio tiene lugares que lo explican sin necesidad de palabras. En Coghlan, el Pirovano es uno de ellos. Porque no es solo un hospital. Es memoria viva, servicio público y presencia constante. En tiempos donde todo parece acelerarse, valorar instituciones que permanecen también es una forma de reconocer lo importante: aquello que acompaña, sostiene y sigue estando.

República Dominicana: donde se cruza la Misa Criolla con Casa Castelao

Hay historias que no aparecen en los libros, pero que definen el espíritu de un barrio. En tiempos de Pascua, en Casa Castelao elegimos recordar una de ellas. A mediados de los años 80, en el colegio República Dominicana, sobre Av. Congreso, en ese límite difuso entre Coghlan y Núñez, se cruzaban varias historias. Entre ellas, la de la familia Castelao y la de Zamba Quipildor. Los hijos de ambas familias compartían el mismo colegio, y en ese mismo espacio, Mario Castelao (entonces al frente de la empresa) participaba activamente como presidente de la cooperadora. Como en tantos colegios públicos de la época, la comunidad se organizaba para crecer. Se hacían festivales, peñas folklóricas y encuentros donde el barrio se involucraba y aportaba. En ese contexto, Zamba Quipildor, que atravesaba un momento de gran proyección internacional junto a Ariel Ramírez y Domingo Cura, con la Misa Criolla recorriendo escenarios del mundo, formaba parte de una de las expresiones más importantes del folklore argentino. Fue entonces cuando Mario Castelao tuvo una idea poco común para la época: llevar ese espectáculo al colegio. Lo que pasó ese día todavía se recuerda. El gimnasio de la planta baja se llenó, al igual que los pasillos y las ventanas de las aulas que daban hacia el escenario. Cada rincón disponible se convirtió en un lugar desde donde mirar o escuchar. La gente se acercó desde todo el barrio, y muchos terminaron quedándose afuera, siguiendo el espectáculo desde la calle, en una escena que incluso llegó a afectar parcialmente la circulación sobre la avenida. No fue solo un evento. Fue una muestra de lo que puede pasar cuando una comunidad se involucra. En esos años, comerciantes, vecinos y familias acompañaban activamente al colegio público del barrio. Había un compromiso real con el crecimiento colectivo, una forma de participación que hoy vale la pena recordar. Esa noche también es una manera de recordar a Mario Castelao, y de poner en valor una forma de hacer las cosas: cerca, en comunidad, con compromiso. En un presente donde Zamba Quipildor, a sus 82 años, transita su gira de despedida, volver sobre esta historia también es una forma de homenajearlo. Porque hay historias que, como ciertas canciones, no se olvidan. Siguen vivas en la memoria del barrio.

Un club, una mesa, una identidad

Hay lugares que no necesitan presentaciones. Porque no se explican: se viven. Casa Castelao abrió sus puertas en 1927. Tres años después, en 1930, nacía el Club Social y Deportivo El Tábano, a pocas cuadras. Desde entonces, ambas historias crecieron en paralelo, con el mismo pulso barrial. El Tábano no es solo un club. Es un punto de encuentro. Un lugar donde el tiempo parece moverse distinto. Por sus salones pasaron generaciones enteras. Hubo tango, fútbol, carnavales, bailes y noches largas. Y entre todas esas historias, hay una que lo atraviesa todo: la de Roberto “El Polaco” Goyeneche. Vecino del barrio, el Polaco hizo del club una extensión de su casa. Acá cantó, se encontró con amigos y también con su historia personal. Para muchos, El Tábano fue, y sigue siendo, su segunda casa. Pero si hay algo que mantiene vivo ese espíritu hasta hoy, es su buffet. Porque ahí es donde todo sucede. Mesas largas, platos abundantes, comida casera y sin apuro. Milanesas que se comparten, empanadas que llegan antes de pedirlas, y una cocina que todavía se sostiene en algo cada vez más escaso: el hacer las cosas bien, sin atajos. El buffet no es un complemento del club. Es su alma. Ahí se mezclan vecinos de toda la vida con gente que llega por primera vez. Ahí se cruzan historias, generaciones y sobremesas que se estiran sin mirar el reloj. Como pasa en los barrios de verdad. En Casa Castelao creemos en ese mismo espíritu. En el valor de lo cercano, de lo conocido, de lo que se construye con el tiempo. Porque al final, el barrio no es solo una ubicación en el mapa. Es historia compartida, vínculos y lugares que nos definen.

Cuando el cobre habla, conviene escuchar

En construcción hay decisiones que impactan mucho más de lo que parece en el presupuesto final de una obra. Una de ellas es cuándo comprar ciertos materiales. Durante mucho tiempo en Argentina, el acopio de materiales fue una práctica casi natural para protegerse de la inflación. Hoy, con un escenario de inflación local más moderada, algunos creen que ya no es tan necesario. Sin embargo, hay un factor que sigue pesando fuerte: el precio internacional del cobre. Los conductores eléctricos dependen directamente de ese metal, y su evolución no responde a la economía argentina sino al mercado global. Para ponerlo en números: hace apenas un año la tonelada de cobre rondaba los 9.000 dólares. Hoy está cerca de 13.000 dólares, un aumento superior al 40 %. Esto significa que, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria local, los costos de reposición de cables y conductores pueden seguir subiendo. Por eso, muchos desarrolladores y responsables de obra siguen utilizando el acopio de materiales como una herramienta de planificación financiera. No se trata solo de anticipar compras, sino de: ● fijar costos clave de la obra, ● evitar variaciones inesperadas en insumos críticos, ● y asegurar disponibilidad en un mercado global donde ciertos materiales pueden escasear. En definitiva, más que una reacción a la inflación, el acopio vuelve a aparecer como una decisión estratégica de gestión de obra. En Casa Castelao llevamos casi un siglo trabajando con materiales eléctricos y viendo cómo evolucionan estos ciclos. Y si algo aprendimos en todo este tiempo es que, en construcción, anticiparse suele ser una de las mejores formas de cuidar el presupuesto.

Entre dos tierras

Roberto “El Polaco” Goyeneche es, sin discusión, uno de los grandes nombres del tango argentino. Un artista que siempre se declaró hombre de Saavedra, hincha de Platense y vecino orgulloso de su barrio. Pero su historia tiene un matiz que la vuelve todavía más interesante. Goyeneche nació y vivió en Coghlan, muy cerca del límite con Saavedra, en una Buenos Aires donde las fronteras barriales no eran líneas rígidas, sino espacios compartidos. Calles que se cruzaban, identidades que convivían y un sentido de pertenencia que iba más allá de un plano. Saavedra lo hizo bandera. Coghlan lo tuvo como vecino. Que dos barrios se sientan parte de su historia no es una contradicción: es un privilegio. Habla de alguien que fue querido en su vida cotidiana, no solo admirado desde un escenario. De un artista que dejó huella en la cultura, pero también en la vereda. En Casa Castelao entendemos bien ese sentimiento. Nuestro local está a apenas tres cuadras de donde vivió gran parte de su vida. Y en esta zona de la ciudad, el barrio no es solo una ubicación: es identidad, memoria y orgullo compartido. Su escenario fue Buenos Aires. Su hogar, entre dos barrios que hoy lo comparten con orgullo.

El verano también es una forma de pensar.

Hay productos que solemos asociar a una estación. Otros, directamente, a una urgencia. En verano pensamos en la bomba de la pileta, en las luces para el exterior, en enchufes que resistan el uso intensivo, en disyuntores confiables para casas de alquiler, en balizas que ojalá nunca haya que usar… pero que conviene tener. La temporada los vuelve visibles, aunque muchos de ellos sean necesarios todo el año. En Casa Castelao lo vemos todos los días: más que estaciones, existen momentos mentales. El calor activa ciertas preguntas. El frío, otras. Pero la electricidad, como la prevención, no entiende de calendarios. Por eso, cuando el verano ya está en marcha y todo funciona como debería, tal vez sea el mejor momento para pensar un paso más adelante. Revisar, planificar, anticiparse. Preparar lo que viene cuando todavía no es urgente. Trabajamos con materiales eléctricos desde hace casi un siglo. Y si algo aprendimos en todo este tiempo es que la previsión no es exageración: es experiencia. Quizás este verano ya esté resuelto. Entonces, tal vez sea un buen momento para empezar a pensar en el otoño.

Una Navidad con sentido, en el corazón de Coghlan

La Navidad es un momento para reencontrarnos, compartir y fortalecer los lazos que nos unen. En Casa Castelao lo vivimos de una manera muy especial: somos una empresa familiar que, desde hace 98 años, forma parte de la vida del barrio de Coghlan, creciendo junto a su comunidad. Por eso queremos acompañar e invitar a un encuentro que celebra justamente esos valores. El sábado 20 de diciembre, desde las 15 h, se realizará en la Plaza de la Estación Coghlan un evento organizado por la Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan, pensado como un espacio de encuentro para vecinos, emprendedores y familias del barrio. Durante la jornada habrá una muestra de emprendedores, propuestas culturales y un ambiente ideal para recorrer, apoyar el trabajo local y elegir regalos con sentido, fortaleciendo el entramado social que nos identifica como comunidad. Y como no podía ser de otra manera, para quienes disfrutan regalar ,o regalarse, herramientas y soluciones para el hogar, los esperamos también en Casa Castelao, donde siempre hay novedades listas para esconder bajo el arbolito. Desde Casa Castelao celebramos y apoyamos este tipo de iniciativas que ponen en valor la cercanía, el trabajo compartido y el espíritu de barrio que nos acompaña desde nuestros comienzos.

Acopio: la lógica de prever, desde la antigüedad hasta hoy

Desde los primeros asentamientos humanos, el acopio fue una herramienta de supervivencia. Los sumerios levantaban templos que funcionaban como depósitos de grano, asegurando alimento para toda la comunidad en tiempos de escasez. En Egipto, los faraones organizaban grandes almacenes para sostener a su pueblo durante las crecidas del Nilo. En la Antigua Roma, los horrea eran depósitos públicos donde se guardaban granos, aceite y vino para garantizar el abastecimiento de la ciudad. En la China imperial, los graneros estatales regulaban precios y evitaban hambrunas, mientras que en la Edad Media los monasterios se convirtieron en centros de acopio que distribuían cosechas en tiempos de necesidad. Y mucho más cerca en el tiempo, las cooperativas agropecuarias argentinas construyeron silos para proteger la cosecha y garantizar precios justos. La lógica siempre fue la misma: guardar hoy para estar tranquilos mañana. El acopio no es solo una práctica económica, es también un gesto cultural de previsión, de confianza en que el esfuerzo de hoy se convierte en seguridad para el futuro. En Casa Castelao creemos que esa tradición milenaria sigue teniendo sentido. Por eso ofrecemos un servicio de acopio que permite a nuestros clientes comprar en grande y retirar a medida que lo necesitan. No se trata solo de espacio y logística, sino de acompañar el ritmo de cada obra con la misma previsión que acompañó a las comunidades desde hace miles de años. Así, lo que empezó como granos en templos, graneros imperiales o silos en campos, hoy se transforma en cables y materiales eléctricos resguardados en nuestros depósitos. La historia cambia, pero la lógica permanece: cuidar lo tuyo para que tu proyecto avance con confianza.

La esquina de siempre, con la mirada puesta en el futuro.

Hay lugares que dicen mucho más que una dirección. Para nosotros, Manuel Ugarte y Melián es eso: la esquina donde nació Casa Castelao hace 98 años, y el punto desde el cual crecimos junto al barrio. El 26 de noviembre reabrimos las puertas de ese mismo local histórico, totalmente renovado y listo para acompañar el impulso de la cuarta generación al frente de la empresa. Modernizamos la marquesina, las vidrieras, los mostradores, el mobiliario y toda la estética del espacio, en sintonía con la identidad visual que presentamos este año. Queremos que nuestra imagen refleje lo que somos: una casa con trayectoria, actualizada, cercana y en movimiento. La reapertura fue una celebración en familia. Clientes, proveedores y amigos nos acompañaron en un desayuno donde volvimos a encontrarnos, conversar y seguir fortaleciendo vínculos. Fue una mañana cálida, llena de energía y con ese espíritu tan propio de Casa Castelao: trabajar juntos, crecer juntos y construir relaciones que perduran. Hoy, nuestra esquina de siempre luce distinta, pero sigue siendo la misma casa.

Guirnaldas: de rituales antiguos a iluminar los patios de hoy

Hay objetos que sobreviven al paso del tiempo sin perder su magia. Las guirnaldas son uno de ellos. Antes de convertirse en ese gesto cálido que hoy le da vida a un patio, ya eran un símbolo universal de celebración. En la Grecia clásica se trenzaban con hojas de laurel para honrar victorias y coronar a los sabios. En Roma marcaban triunfos, festividades religiosas y la bienvenida a los invitados. En India se transformaron en un puente espiritual: flores bendecidas para casamientos, rituales y ceremonias de bienvenida. Incluso en Egipto las guirnaldas estaban presentes en los rituales más importantes, uniendo comunidad, naturaleza y significado. A lo largo de miles de años cambiaron sus formas, sus materiales y sus usos, pero una idea se mantuvo intacta: las guirnaldas siempre fueron señales de encuentro. Hoy, la guirnalda se vuelve un elemento cotidiano que transforma espacios. Ya no se trenzan flores ni hojas, pero siguen generando lo mismo que generaban en la antigüedad: luz, unión y un clima especial para compartir. Las guirnaldas con lámparas se convirtieron en el accesorio ideal para patios, terrazas, locales y eventos. Son simples, prácticas y capaces de cambiar un ambiente en segundos. En Casa Castelao trabajamos con guirnaldas Macroled diseñadas para exteriores: ● ✔️ Caucho resistente ● ✔️ Plug extensible ● ✔️ De 5 a 10 metros ● ✔️ Evitan filtraciones de agua ● ✔️ Funcionan en patios, terrazas, locales y eventos ● ✔️ Stock inmediato Son modernas, seguras y, sobre todo, están hechas para que cualquier encuentro —familiar, laboral o con amigos— se vuelva más cálido, más luminoso y más propio. Miles de años después, las guirnaldas siguen haciendo lo mismo: encender momentos que valen la pena.

Casa Castelao renueva su imagen: tradición, energía y futuro

Después de casi 100 años de trayectoria, en Casa Castelao decidimos dar un paso que representa mucho más que un cambio estético: una evolución que acompaña el recambio generacional de la empresa y la transformación del mundo que habitamos. Desde 1927, nuestra historia se ha construido sobre valores que siguen intactos: compromiso, solvencia, cercanía. Pero hoy, en diálogo con las nuevas formas de comunicar, decidimos actualizar nuestra identidad visual para proyectar esos mismos valores con mayor claridad, dinamismo y presencia digital. ¿Por qué cambiar ahora? El cambio no fue repentino. Fue el resultado de un proceso profundo de escucha, reflexión y diseño. Sabíamos que la imagen que nos acompañó durante décadas ya no representaba del todo a la nueva generación Castelao, ni a los canales donde hoy se construye la confianza: redes sociales, plataformas digitales, entornos colaborativos. Queríamos una marca que hablara con claridad, pero también con calidez. Que transmitiera solidez, pero sin rigidez. Que nos conectara con nuestros orígenes, y al mismo tiempo nos proyectara hacia el futuro. El nuevo logo: continuidad, energía y cercanía El nuevo logotipo de Casa Castelao está compuesto por un isotipo y un logotipo que conviven en armonía. El isotipo, diseñado a partir de un único trazo continuo, representa dos letras “C” entrelazadas que remiten directamente al nombre de la empresa. A partir de esa doble “C” se evoca la idea de “casa”, de contención y cercanía. Ese trazo ininterrumpido también simboliza la continuidad de nuestra trayectoria y el flujo de energía que define al rubro eléctrico. La tipografía sans serif geométrica refuerza una estética limpia, actual y funcional, alineada con los valores que nos definen: eficiencia, transparencia y compromiso. ¿Qué buscamos con esta evolución? ● Mayor visibilidad en entornos digitales ● Más cercanía con nuestros clientes, proveedores y colaboradores ● Una identidad sólida que refleje tanto nuestra historia como nuestra visión de futuro Este cambio de imagen no es un punto final, sino un nuevo comienzo. Una forma de honrar lo que fuimos, abrazar lo que somos y abrirnos a lo que viene. Gracias a quienes nos acompañan desde siempre. Y bienvenidos a quienes recién nos conocen. Casa Castelao sigue siendo lo que fue, pero ahora se ve como lo que es.

De Alumni a Casa Castelao: dos maneras de iluminar Coghlan

En el mismo barrio donde nació el primer grande del fútbol amateur argentino, Casa Castelao sigue encendiendo la memoria colectiva. Antes de que las luces de la ciudad alumbraran las canchas modernas, hubo un tiempo en que el fútbol argentino se jugaba en terrenos de tierra, con pasión y con nombre inglés. A fines del siglo XIX, muy cerca de la esquina de Manuel Ugarte y Melián, donde hoy funciona Casa Castelao, se encontraba el campo de juego del legendario Club Alumni —símbolo del espíritu amateur y orgullo de todo un país. Allí, entre 1898 y 1912, el equipo formado por exalumnos del Buenos Aires English High School marcó una época: ganó casi todo lo que se podía ganar y dejó una huella que sigue viva en la historia del deporte argentino. Su cancha, ubicada en los alrededores de las actuales calles Monroe y Roque Pérez, ocupaba parte de los terrenos donde luego se levantaría el Hospital Pirovano. Con el paso del tiempo, el silbato se apagó, el césped se transformó en veredas, y el barrio creció a su propio ritmo. Pero la historia siguió encendida. A pocas cuadras de aquella cancha, Casa Castelao comenzaba su propio recorrido: una historia de trabajo, servicio y energía que lleva casi cien años acompañando al barrio. Porque así como Alumni iluminó el fútbol con su juego, Castelao le dio al barrio la luz que necesitaba. Hoy, seguimos siendo parte de esa misma trama: la de un Coghlan que cambia, pero que nunca pierde su identidad.

El día en que el Graf Zeppelin sobrevoló Casa Castelao

Suena a fantasía, pero es real. El 30 de mayo de 1934, el Graf Zeppelin (esa mole aérea que parecía salida de una película de ciencia ficción) surcó los cielos de Buenos Aires. Sobrevoló Campo de Mayo, la Casa Rosada, el Congreso, el edificio Barolo… y, curiosamente, también el barrio de Coghlan. Pero lo de Coghlan fue distinto. No solo pasó: se detuvo. Flotó largo rato sobre la fábrica Sedalana, de capitales alemanes, ubicada en Congreso y Naón (a apenas tres cuadras de Casa Castelao). Algunos dicen que fue para saludar a la gran cantidad de trabajadores alemanes que concentraba la fábrica. Otros, que solamente se detuvo para recibir cierta información recopilada localmente. Nunca se supo con certeza. Lo que sí sabemos es que ese día los vecinos salieron a la calle, miraron al cielo y fueron testigos de un momento que parecía imposible. Entre ellos, los clientes de Casa Castelao, que por entonces llevaba apenas siete años abierta, y ya era parte de la vida del barrio: un punto de encuentro para electricistas, comerciantes y familias que confiaban en su servicio. Hoy, casi un siglo después, seguimos en la misma esquina, acompañando proyectos con energía, calidad y cercanía. Desde materiales eléctricos y soluciones de iluminación hasta tecnología para hogares y empresas. Porque en Coghlan, la historia no se apaga: se ilumina cada día. Y en Casa Castelao, nos enorgullece ser parte de esa luz.

Pequeños cambios que hacen grandes diferencias.

En Casa Castelao nos gusta acompañar a quienes todos los días hacen posible que la energía circule. Por eso, cuando aparece una herramienta que realmente mejora el trabajo, nos gusta compartirla. El nuevo conector WAGO 221 Inline es una de esas innovaciones que simplifican lo cotidiano: permite hacer empalmes y derivaciones de manera más rápida, segura y prolija. Y lo mejor: puede reducir hasta un 30% el tiempo de instalación, algo que cualquier instalador valora después de una larga jornada. Además, su manejo por palancas, el diseño compacto y su posibilidad de reutilización lo convierten en un aliado confiable y eficiente. No se trata solo de una cuestión técnica, sino de una mejora real en la forma de trabajar: más tiempo, más orden y más seguridad. En Casa Castelao seguimos compartiendo herramientas que suman. Porque cuando el trabajo se hace más fácil, también se hace mejor.

Casa Castelao: 98 años latiendo en la misma esquina de Coghlan

Hay esquinas que guardan historias. Que ven pasar generaciones, cambios, sueños. En Coghlan, barrio nacido al ritmo del ferrocarril, hay una que late desde hace casi un siglo: la de Casa Castelao. Fundada en los años ’20 como casa de materiales eléctricos, Castelao no solo vendió productos: construyó vínculos. Fue testigo de la transformación del barrio, de sus calles tranquilas, del murmullo del Hospital Pirovano, de vecinos que entraban por un cable y salían con una sonrisa. 98 años en el mismo lugar no se explican solo con números. Se explican con confianza, con servicio, con una forma de estar presente. Porque Castelao es más que un comercio: es parte del paisaje, de la memoria, de la identidad de Coghlan. Hoy celebramos ese legado. Porque cada tablero, cada proyecto eléctrico, cada cliente que cruza la puerta, lleva consigo un pedacito de esta historia. Y porque mirar hacia adelante también es honrar lo que nos trajo hasta acá. Gracias por ser parte. Gracias por elegirnos. Sigamos construyendo juntos, con la misma energía de siempre.